Menú

Huerta de Europa y Puerto de Imperios. Soy el asombro del Teatro Romano de Cartagena, donde las piedras aún narran la grandeza de la antigua Qart Hadasht y el esplendor de Bizancio. Soy la fe que sostiene la Santa Cruz de Caravaca, el latido barroco de mi Catedral de Murcia y su torre que escala el cielo para vigilar la vega del Segura. Soy el aroma del azahar que perfuma mi Valle de Ricote, el rastro de la seda en mis telares antiguos y el sabor de una tierra que, con esfuerzo y sol, alimenta a un continente entero.
 
Hoy te hablo desde la mística de Sierra Espuña y la paz de mi Mar Menor, porque bajo mi manto de arcilla y salitre late un corazón que ha sabido ser frontera de reinos y cuna de navegantes. No me mires solo como una huerta generosa o una postal de playas doradas; mírame como el espíritu de superación de un pueblo que domó el agua y el desierto, el hogar que hoy reclama que tú también te levantes para defender su equilibrio, su patrimonio y su futuro.
 
Desde la nobleza de Lorca, la Ciudad del Sol con su castillo infranqueable, hasta el rincón más alto de Moratalla y Yecla, desde las fortalezas de Mazarrón hasta la soledad de mis tierras de Cieza en flor, ya hay quienes han decidido que el silencio no es una opción. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de labradores y mineros, de aquellos que con manos curtidas por el sol de mediodía y el polvo de la mina levantaron este reino de luz, cuidando cada acequia y cada palmera cuando la vida era un desafío constante. Ellos son ahora el murmullo del río Segura y el aliento que agita mis olivares y viñedos.
 
Fui Reino de frontera y llave del Mediterráneo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de alegría y raíz. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Murcia necesita?